El ser humano siempre ha necesitado disponer de alimentos, evidentemente, pero no siempre ha podido almacenarlos durante más tiempo del que duran en su forma natural. Este ha sido uno de los motivos del carácter nómada de nuestra especie. Si se acababa el alimento aquí, había que moverse a otro sitio donde estuviese disponible, y había que hacerlo con planificación, porque si no podían morir de hambre.

Algunos de los alimentos más duraderos son los cereales, seguidos de las frutas y verduras, pero los primeros necesitan ser procesados para poder aprovecharlos y los segundos no duran demasiado tiempo. Es por ello, que desde nuestros inicios, hemos querido alargar la vida útil de los alimentos y esto ha derivado en todas las técnicas de conservación que hoy conocemos.

Los orígenes de la conservación

Existe algo de debate sobre cuál fue la primera técnica de conservación de alimentos: para unos fue el secado y para otros la fermentación. Dentro del secado tenemos técnicas como el secado al sol, mediante calor, con aire o con sal. Para la fermentación tenemos la producción de alcoholes o los derivados de productos lácteos, como el queso o el yogur. También podríamos poner el fuego como técnica de conservación, pero no consigue alargar demasiado el tiempo que un alimento permanece en buenas condiciones.

Carne seca y ahumada

El ahumado y el salado es muy utilizado en carnes.

Gracias al interés por disponer de alimentos cuando había escasez o por circunstancias adversas -sequías, guerras, hambrunas- han ido apareciendo y perfeccionándose otras técnicas de conservación. De esta forma, aparecieron el ahumado, el encurtido o la congelación, que en España ha tenido mucha historia y desarrollo.

Los neveros artificiales, que generaban bloques de hielo en las temporadas frías para después ser utilizados en épocas de calor, llegaron a ser una de las industrias más importantes. Tuvieron su origen en el siglo II a.c por parte de los romanos y en España se utilizaron hasta el año 1931 aproximadamente.

Frutas deshidratadas en tarros.

Las frutas deshidratadas duran mucho tiempo.

El azúcar o la miel también ha sido utilizado para mejorar la conservación de alimentos. Las mermeladas o las configuras permiten que las frutas sigan siendo aptas para el consumo durante mucho más tiempo. El azúcar por ejemplo, se empezó a utilizar en China, de donde es originaria la caña de azúcar. Después del descubrimiento de América, los españoles la llevaron al viejo continente, su producción se popularizó y con ello el uso de este alimento como conservante.

Técnicas modernas

La conservación de alimentos mejoró mucho a partir de la industrialización allá por el siglo XIX. Uno de los personajes más importantes en este aspecto fue Nicolás Appert. Este señor, descubrió que al calentar los alimentos dentro de un recipiente de vidrio sellado con corcho, los alimentos duraban mucho más tiempo. Esta técnica se popularizó tras su descubrimiento, aunque lo hizo mucho más cuando Louis Pasteur detalló este proceso y explicó porqué mejoraba la conservación de los alimentos.

Durante este siglo, la técnica de conservación por frío tuvo muchos avances, lo que permitió que se inventaran los frigoríficos y congeladores. Gracias a Charles Tellier, quien creó la primera máquina de hacer hielo, se avanzó mucho en el frío industrial, permitiendo que el transporte y conservación de alimentos fuese mucho más productivo.  No fue hasta 1879, cuando se popularizó el uso del frigorífico domestico.

Neveras en un supermercado con alimentos.

El frío industrial permite almacenar alimentos por mucho tiempo.

Desde el siglo XX han ido apareciendo otras técnicas como el uso de conservantes químicos o el uso de recipientes más asépticos, como el tetrabrik o los envases de latón. No obstante, el uso de conservantes en la alimentación cada vez tiene más detractores, así como el uso de plástico, por lo que está aumentando la tendencia del uso de las técnicas tradicionales.

 

Estas técnicas de conservación de alimentos, nos ha permitido evolucionar como sociedad y ha facilitado el acceso de todo tipo alimentos a muchas más regiones del mundo. Además, esto también ha provocado una mejora en la calidad y la seguridad de los alimentos que consumimos, por lo que nos alegramos enormemente.

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